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PLATERO y YO: O de calles dominicanas

Posted: 2009-12-03 20:20

PLATERO y YO: O de calles dominicanas

A la salida del edificio donde vivo hay dos calles por las cuales salir o llegar, según sea el caso.

La primera es una oda a la vagabundería municipal.

A modo de consolación, siempre me ha dado por pensar que esta calle tiene un avanzado sistema del drenaje francés, pero medio “aplatanao”, o sea, adaptado a las peculiaridades del caribe, con hoyos que parecen cráteres producidos por algún meteorito o explosivo y los cuales, cuando llueve, hay que atravesar en canoa.

Esta calle hace una curva antes de desembocar en una avenida, de modo que si nos ubicamos en esa esquina o intersección e intentamos desde allí mirar hacia el otro extremo de la acnéica calle maltrecha, nuestra vista sólo llegará a unos cuantos metros, justo donde empieza la curva.

Tiempo atrás recuerdo que unas brigadas del ayuntamiento amagaron con repararla. Nos ilusionamos.

Luego de estos movimientos de personal vimos incrédulos como empezaron a asfaltarla afanosamente.

Una vecina se alegraba de ver que finalmente repararían la calle. Yo medio en broma,
le decía en son de joda, “en una de esas se les acaba el presupuesto y no la asfaltan completamente”…

¡Y así mismito fue! Pero no por falta de presupuesto…o quizás si.

Para mala suerte de mi vecina, el asfaltado terminó justo donde comienza el frente de su casa que queda justo después de la curvita.

Ella cada vez que me ve, me echa un rosario.

Luego me enteraría que la calle fue asfaltada por las autoridades que nos desgobiernan no por el deseo de hacernos la vida más llevadera o por evitarnos la molestia de tener que cambiar la suspensión de nuestros automóviles cada 6 meses. ¡No! La razón era la de siempre: POLÍTICA.

En efecto. Resulta que Leonel (el presidente) iba a pasar con su séquito por la avenida y había que hacerle el “allante” de dar la impresión de que por donde pasara todo estaba bien (asfaltado). Así que la lógica funcionaria fue simple: desde la avenida no se puede ver obviamente mi calle más allá de la curva, por lo tanto “se asfalta hasta donde la vista lo requiere”…

Así, como no tengo la dicha de que el Presidente pase por mi calle, cuando salgo de mi edificio lo hago por la otra calle. Una calle empinada, que también tiene una curvita al llegar a la cima, pero que tiene un asfaltado de lujo.

Pero esta calle, también tiene sus inconvenientes.

Dada la cultura de patio imperante, en esta calle todo el mundo se estaciona de lado y lado, y muy en especial justo cuando uno llega a la curvita, en donde además hay un solar o monte con esa flora lujuriosa típica del caribe que se desborda e irrespeta la calle al crecer y adentrarse en el asfalto.

Saliendo en mi auto el otro día y hastiado con todo esto, que los autos estacionados de lado y lado, que el monte tomando por asalto la calle, que el espacio que queda es estrecho y sólo pasa un auto a la vez; pensaba que podía ser peor…

Pues justo en la curvita me encuentro atravesada una vaca monda y lironda, que de lo más campante, impertérrita y serena se encontraba degustando la hierba que crecía ¡en la calle!

La bendita vaca no pudo meterse en el monte. ¡No! La bendita vaca tenía que comer lo que más a la mano (o al hocico) tuviera cerca y bloquear justo el trecho disponible para transitar. ¡Hasta a las vacas le gustan los “mangos bajitos” aquí!

En esos minutos que estuve viendo la deglución vacuna, pude pensar que es peor:

Cambiar la suspensión cada 6 meses o tocarle estúpidamente la bocina a una bendita vaca por 5 minutos…

Me quedo con “mi vaca y yo”
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