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Art. La Información: SOBRE LA VERDAD

Posted: 2010-08-30 14:42

Sobre la Verdad

Por Emmanuel Tagle, etagle@gmail.com



"La verdad espera. Sólo la mentira tiene prisa." ~Alexandru Vlahuta




Parte 1/2



A través de los tiempos la humanidad ha buscado incansablemente un bien supremo, superior y absoluto, expresado en manifestaciones éticas y morales basadas en la razón y la lógica, así como también en sistemas de dogmas y creencias agrupados en estructuras religiosas e inclusive en sistemas mitológicos. A eso le ha denominado como La Verdad.



Así, diversas culturas de todas las edades han diseñado sistemas varios para alcanzar dicha Verdad que se presupone no está al alcance inmediato de los hombres…



Ya en tiempos remotos, filósofos como los de la corriente de los Epicureos destacaban el hecho de que lo trascendente no puede ser aprendido y aprehendido a través de nuestro intelecto, el cual, aun cuando pueda conducirnos por derroteros elevados, sólo podrá ubicarnos hasta un determinado umbral, empero no más allá en donde la felicidad absoluta se encuentra.



Otros, como los Budistas y en particular los de la doctrina Zen, mantienen un similar concepto, destacando la necesidad de “quebrar” el intelecto de tal forma de trascender la dualidad de las cosas que nuestra mente y/o psiquis está capacitada para entender. Ahí tenemos, como expresión de lo anterior, los Koan budistas que obligan al discípulo a prescindir del razonamiento lineal y apelar más bien a una elevación de su Consciencia.



El Sufismo, esa tradición esotérica del Islam y que dista en extremo de ser similar al cuerpo dogmático de dicha religión, igualmente presenta semejante postulado.



Y es que la “carnificación” de la Verdad no se basa en creencias ni en maromas intelectuales, sino en hondas y profundas experiencias íntimas del ser a base de vivencias. De esta forma la sabiduría no sería otra cosa que el resultado de la experiencia, de la experimentación del conocimiento adquirido.



Lo espiritual, entendiéndose por ello como la elevación, potenciación, refinamiento de la estructura físico-emocional-mental del ser humano, no puede ser transmitido ni endilgado a través de escritos sagrados u otro sistema de transmisión de información. Estos sólo se presentan a modo de mapas y/o referencias a ser transitados. Eventualmente la mejor manera de transmisión de conocimiento entre el maestro y el discípulo es la oral, y no por el hecho de que las palabras transmitidas en esa forma sean más adecuadas, sino porque este acto presupone un contacto personal entre discípulo y el maestro que va más allá de la simple comunicación, aun cuando, la mayoría de las veces, sea el discípulo inconsciente de este hecho vivificador…





De igual forma, el símbolo rosacruciano de la rosa enclavada en la cruz, nos habla de la expresión de lo superior a través de la densa materia del ser humano. Por ello es que lo Superior no puede ser mejor que el vehículo de expresión que nosotros mismos le proporcionamos. De ahí que el simbolismo cobra mayor significación: la crucifixión de lo Divino en la carne (materia densa) de lo humano y que lucha infructuosamente por expresarse.



Es por ello que somos un tanto reacios a ciertos esfuerzos impositivos en las cuestiones espirituales, porque estos asuntos son el resultado de la maduración interna de cada ser humano.



No es lo mismo “Evangelizar” que propiciar lo que denominamos “La Alta Cultura Espiritual”, la cual se aleja de dogmas, creencias, supersticiones, prejuicios y/o preconcepciones arcaicas o “santas” tradiciones ajenas a todo progreso científico, cultural, artístico y moral; y que en definitiva se encuentran total y absolutamente divorciadas del más sano sentido común.



A continuación, recurrimos a un excelente relato Sufí para ejemplificar lo antes descrito.



Las leyes, por sí mismas, no hacen mejor a la gente, dijo Nasrudín al Rey . Es necesaria la práctica de ciertas cosas para lograr armonizarse con la verdad interior. Esta forma de verdad se asemeja muy poco a la verdad aparente.



E1 monarca decidió que él podía hacer y haría que la gente dijese la verdad. Él podía obligarlos a practicar la veracidad.



Se entraba a su ciudad por un puente. Sobre éste hizo construir un patíbulo. Cuando al amanecer del día siguiente fueron abiertas las puertas, el Capitán de la Guardia se encontraba apostado allí con un escuadrón de tropas, para examinar a todo el que entraba.



Fue hecho este anuncio: «Todos serán interrogados. Si dicen la verdad, se les permitirá entrar. Si mienten, serán colgados». Nasrudín se adelantó.

¿Adónde va usted?

-Yo -dijo Nasrudín lentamente- voy camino a ser colgado.

-¡ No le creemos! -le contestaron.

-Muy bien, si he mentido, ¡cuélguenme!

-Pero si lo colgamos por haber mentido, habremos hecho que lo que usted dijo sea cierto.

-Así es: ahora saben lo que es la verdad. ¡Su Verdad!

Parte 2/2

“La verdad se pierde en el laberinto de las discusiones” ~ Séneca

Como ya hemos planteado en anterior entrega, la moral basada en la armonización de ciertos principios depende no de conceptos o creencias, sino de una sincera actitud y práctica consecuente, de modo que la maduración interior sea posible. Lo contrario sería una inmoralidad, toda vez que consideremos que las creencias son diversas en toda la humanidad y son particularismos de ver la realidad.

Es por ello que somos reacios a esa pedagogía espiritual tan infantil y miope que se basa en inculcar al ser humano dogmas a base de fe ciega con fantásticas promesas y terribles castigos, desconociendo y relegando el cultivo de las fuerzas internas e ingénitas propias del ser humano.

La “Alta Culturización Espiritual” no reniega, de entrada, los aspectos derivados de la condición humana del individuo en todas sus dimensiones, sino que las reconoce, las acepta, las enfrenta, las contrasta y las encauza. En resumen, las cultiva.

¿Cómo se ha de pretender alcanzar lo trascendente si olvidamos cultivar el basamento primordial de nuestro ser en sus aspectos físicos, emocionales y mentales?

La espiritualidad basada en la impresión sugestiva de los sentidos, en el mero ritual, no es más que un exoterismo que pertenece al mundo de las formas, de lo superficial.

Continuando con la sabiduría que emana del sufismo, presentamos otro cuento que es revelador en ese sentido.


Nasrudín llega a un pequeño pueblo en algún lugar de Medio Oriente. Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudín, que en verdad no sabía qué decir, se propuso improvisar algo. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

- Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo: - No... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos. ¡Háblanos!

Nasrudín contestó: - Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes, mientras Nasrudín se alejaba, dijo en voz alta: - ¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "sí, claro, qué inteligente". Y entonces, todos empezaron a repetir: - ¡Qué inteligente!.

Hasta que uno añadió: - Sí, qué inteligente, pero... qué breve.

Y otro agregó: - Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudín, aludiendo que su conocimiento era demasiado para reunirlo en una sola conferencia. Nasrudín dijo que no, que de ninguna manera, que su conocimiento apenas alcanzaba para una conferencia y que jamás podría dar dos. La gente dijo: - ¡Qué humilde! E insistió en que querían escucharlo una vez más, hasta que finalmente, después de mucho empeño, Nasrudín accedió.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, se paró frente al público e insistió en su técnica:

- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles.

La gente, cuidando de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia, dijo:

- Sí, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudín bajó entonces la cabeza y añadió:

- Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetirlo.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente volvió a quedar estupefacta. Hasta que alguien, otro alguien, gritó: - ¡Brillante!, tras lo cual el resto comenzó a decir:

- ¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer! - ¡Qué maravilloso! - ¡Qué espectacular! Y enseguida se oyó: -

¡Queremos más, queremos escucharlo más. Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!

De manera que una delegación de los notables fue a verlo para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. A pesar de la negativa de Nasrudín, la gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez, hasta que aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, aceptó.

Por tercera vez, se paró frente al público, que ya era multitudes, y les dijo:

- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido yo a decirles.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del pueblo contestaría. El hombre, desde la primera fila, dijo: - Algunos sí y otros no...

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos siguieron a Nasrudín con la mirada. Entonces, el maestro respondió:

- En ese caso, los que saben... cuéntenle a los que no saben.

Y nuevamente se levantó y se fue.
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Mente Joven

Posted: 2010-06-27 15:36

Mente Joven
Por Nelson Castillo, etagle@gmail.com


"La luciérnaga brilla cuando vuela, la mente también."~James Bailey



Siempre hemos escuchado esa sobada y ya prefabricada frase que dice que “la juventud es un estado, una actitud (mental)”. Y digo prefabricada no por que dicho pensamiento no sea cierto, sino porque son tantas las bocas dentadas y desdentadas que de manera hipócrita y cínica la pronuncian, que poco honor le hacen, más aun cuando vemos que quienes afirman con tanta solemnidad mantienen una actitud nada positiva, sino más bien retrógrada alimentada por convencionalismos ridículos e inútiles.

En efecto, ¿De qué sirve un pensamiento el cual no se lleva a efecto? La respuesta es obvia: a nada. Al menos a nada bueno.

Más aun, el pensamiento inútil carente de acción genera decrepitud, degeneración y vejez, no sólo en lo mental, sino en lo físico.

Y es que la mente es como un repositorio de agua, que cuando ésta no fluye y se estanca, no se oxigena y se pudre; nacen las larvas, los mosquitos y el hedor se hace presente. Pero aquí no me refiero a la actividad mental puramente intelectual.

Lo mismo pasa con muchas de nuestras vidas y mentes al sumar años.

Muchos estancan su esencia vital con chismes, malos pensamientos, crítica y desconfianza. Y lo más triste del caso es que en su larga vida adulta se convierten en verdaderos expertos de estos malos hábitos, que al final de cuentas producen achaques y “misteriosas” apariciones de enfermedades físicas.

Hace ya muchos años hubo un ilustre investigador y erudito, precursor de la endocrinología, que señaló la estrecha relación existente entre mente y cuerpo, a tal punto de acuñar el término, ya por estos días tan común de ser oído, denominado “psicosomático”. Obviamente que en aquella época a dicho erudito la ciencia oficial no le dio mucha pelota. Y aun hoy en día hay a muchos hombres de ciencia, como médicos, a quienes el término poco menos que les espanta, incluso siguen con la fabulosa idea de que nuestra estructura puede ser dividida prioritariamente en un cuerpo que contiene un cerebro, el cual a su vez posee una mente; siendo que más bien somos una mente que contiene un cuerpo, el cual a su vez posee un cerebro…

Felizmente la ciencia ha atisbado este “nuevo” paradigma e incluso comprobado esto último con estudios recientes y que reflejan insospechadas relaciones o conexiones entre nuestros diversos sistemas fisiológicos, conexiones las cuales pasaron inadvertidas por muchos años a los ojos de la ciencia oficial, por ser, diríamos, muy etéricas para ser detectadas y que no se conocían hasta hace muy poco.

Por ejemplo, La Yoga (Kundalini) considera la existencia de un sistema etérico por el cual el ser humano transmuta la Energía Universal en componentes materiales necesarios para el sustento de la vida humana. Este sistema o cuerpo etérico posee unos centros que se denominan Chakras. Los Chakras pueden ser considerados como puntos focales de la mente, muy activos y a los cuales se les asocia una determinada VIBRACIÓN energética, obrando estos de forma biótica sobre nuestro sistema fisiológico. Cada Chakra posee su correspondiente doble material y que se asocia o coincide en la mayoría de veces con una glándula endocrina. Así pues, el Chakra Muladhara se asocia a las Gónadas, el Chakra Manas al Páncreas, etc.

Pues bien, dentro de esta doctrina el corazón también es considerado asiento material de un Chakra, en este caso llamado Anahata. La ciencia occidental miraba recelosamente este hecho, dado que, entre otras cosas, no consideraba al corazón como una glándula endocrina debido a que la función endocrina sólo se asociaba al tejido glandular. Sin embargo, no fue sino hasta la década de los ochenta cuando la ciencia descubre la hormona del corazón FNA (Factor Natriurético Auricular), la cual tiene una estrecha actuación sobre los riñones.

Ahora bien, a partir de estos descubrimientos ya la ciencia considera la posibilidad de que existan otros tejidos, no sólo glandulares, que puedan tener esta función endocrina.

Por otra parte la ciencia ha descubierto que las relaciones bioquímicas del ser humano no son puramente mecánicas, sino que obedecen a mecanismos más bien VIBRACIONALES a nivel molecular.

Este es el caso de los receptores que reciben determinados mensajes de sustancias tales como las hormonas y los neurotransmisores.

Esto da crédito a ciertas doctrinas antiquísimas, así como a ciertos planteamientos de la física cuántica: La VIBRACIÓN es un elemento no sólo físico, sino un elemento de la función biológica a ser considerado.

Las sustancias químicas que se relacionan con los receptores se denominan ligandos, estos son: las hormonas, los neurotransmisores y los péptidos.

Durante muchos años, se pensó que este sistema de receptores y ligandos era propio del sistema nervioso y el cerebro. Se consideraba que los neurotransmisores eran las sustancias químicas del pensamiento.

Pero nuevos estudios dan cuenta de otra verdad, ya que este sistema de comunicación de sustancias químicas está en realidad diseminado POR TODO EL CUERPO. NUESTRA MENTE NO SÓLO ESTÁ EN EL CEREBRO. Esto, a su vez, cambia totalmente el paradigma de cómo la mente (psiquis) se relaciona con el cuerpo (soma).

Por toda la estructura material de nuestro ser, en cualquier resquicio del mismo, hay sustancias que se asocian al pensamiento y a la emoción, la mente está en todas partes de manera ommnipresente, procesando y entregando un gran cúmulo de información de manera bidireccional, de tal suerte que ahora el cerebro es tan sólo un punto focal de una gran actividad emocional y psíquica dentro de esta gran red que a su vez recibe información que previamente ciertos puntos nodales de este sistema de receptores-ligando ha seleccionado. La conexión mente-cuerpo no es ahora solamente un sistema de comunicación exclusivamente eléctrico gobernado por la activación de las células nerviosas. Estos centros nodales poseen incluso su propia memoria. Tal es el grado de autonomía de estos que algunos investigadores los llaman pequeñas mentes y se cree que estos serían el asiento de lo que desde hace ya algún tiempo se denomina subconsciente.

Como ya hemos apuntado este sistema es bidireccional, es decir la información no sólo viaja desde la mente hacia el cuerpo, sino que también viaja desde el cuerpo hacia la mente.

Este lenguaje de comunicación de cuerpo-mente, resultaría ser muy sutil y seguiría los matices dados por la experiencia, es decir, no es un lenguaje literalmente codificado como el usado habitualmente para comunicarnos entre humanos.

En este sentido, se realizó un interesante experimento en donde a unos perros de les dió una sustancia endulzada con sacarina, cuyo efecto era el de producir depresión en el sistema inmunológico de los animales. Luego, a estos mismos canes, se les suministró sólo sacarina, sin la otra sustancia, y también se produjo una baja en la actividad inmunológica de los perros…

Los perros de manera subconsciente regularon la actividad inmunológica.

Todo esto, sorprendentemente, constata y demuestra científicamente algunas de las prácticas antiquísimas como las de la Raja Yoga, del Taoísmo y del Budismo, entre otros, en donde la respiración y los ejercicios de meditación tienen una tremenda ingerencia en la potenciación de los sistemas psíquico-biológicos que recién la ciencia occidental vislumbra en sus incipientes pero no menos importantes descubrimientos.

Por ello es más que evidente que un pensamiento sostenido continuamente produce un efecto real, objetivo, concreto y eventualmente dable de ser dimensionado en nuestra estructura física.

Visto el asunto a la luz de esto, es imperioso educar y cultivar la mente, cuidarla como el más preciado de los jardines, ya que de no hacerlo, los primeros afectados somos nosotros mismos acusando un deterioro palpable en nuestro sistema inmunitario y consecuentemente en nuestra salud..

Una buena salud se construye también con buenos pensamientos. Y esto ya dejó de ser una verdad esotérica para convertirse en una verdad puramente científica como resumidamente hemos visto.

Requerimos urgentemente de una profilaxis mental. Todo intento de mejorar la salud debiera comenzar con esto. Y debiera empezar en la educación dada en la más tierna infancia.

Por eso y a modo de antídoto, siempre es recomendable disfrutar la vida mesuradamente con pequeñeces simples y bellas desperdigadas por ahí y que esperan que tropecemos con ellas para ser apreciadas a través de la lupa de la inocencia y así verlas como realmente son: magnánimas, simplemente magnánimas.

Por ello, el camino de lo Espiritual se basa en la Inocencia.
La Inocencia pule y lustra nuestra mente, la hace refulgente, cual espejo perfecto que es; absorbe la luz del Universo para luego reflejarla por doquier.

¿De que sirven los rezos de una mente oscura tiznada por abyectos pensamientos y deseos, incapaz de reflejar el valor y sentido de lo esencial y trascendente de la Vida?

Una mente así, con tantos contrapesos, es incapaz de elevar dichas plegarias a los cielos, y peor aun, incapaz de oír lo que desde estos se le pueda susurrar…

El mundo, con toda la humanidad llena de creencias y conceptos de todo tipo, no parece ser más elevada y altruista, sino todo lo contrario. Ahí están los hechos que la desnudan en su hipocresía.

Cierta vez, estando en un velorio escuchábamos a un viejo –como el mismo se autodenominaba- muy simpático que nos contaba sus experiencias. El monólogo era versado sólo sobre recuerdos de personas, de cosas, de lugares, de comidas etc. Sólo recuerdos. Y nos preguntábamos ¿Es que llegados a una edad, nuestra mente está automáticamente programada para anclarse sólo en el pasado? ¿Qué pasaría si llegados a los 90 años estuviéramos más tiempo mirando hacia el futuro entreteniéndonos con aprender tantísimas cosas, curioseando y descubriendo otras tantas más? Esa anormalidad estamos seguros que intentarían tratarla en algún psiquiátrico geriátrico, administrando algún enema o pastilla radioactiva. Pero esto felizmente no es lo normal, sino aquello, lo del viejo del monólogo.

Vivir así, siempre en el pasado, nos parece que es una eterna agonía y, peor aun, adelantada.

Y es que cuando la pregunta “¿Qué esperamos de la vida?” ya no la hacemos recurrentemente sino que la reemplazamos por otra “¿Cuándo llegará la muerte?”, ciertamente somos viejos, muy viejos; y eso no tiene que ver con cuantos años se tengan a cuestas.

Vemos tristemente que muchas personas, ya entradas en edad, en vez de haber desenrollado el Libro de la Vida, más bien lo han enrollado con conceptos inamovibles y firmemente anquilosados en su ser que literalmente los podemos ver. Han cerrado ese libro con creencias atávicas que son en su mayoría, sino todas, ridículas supersticiones. Lo han hecho inaccesible con sus miedos que han ido destilando a lo largo de sus años hasta obtener la esencia misma de estos: miedo a la muerte. Todo esto les ha impedido alivianarse para poder desplegar sus angelicales alas y elevarse conscientemente hacía encumbrados derroteros donde mora el alma…

Nuestra vida, esa experiencia de nuestro eterno existir, debiera ser todo lo contrario a medida que sumamos años: una celebración constante de creciente alegría en nuestro camino de retorno hacia la inocencia y nuestra verdadera patria celestial, que dista en extremo de ser lo que habitual y míticamente entendemos por celestial…

Y esto es imposible mientras no desechamos y desterramos, entre otras cosas, nuestros miedos de nuestro ser, incluyendo el de la muerte.

Pero es entendible, ya que ese miedo ancestral ha sido alimentado por años y siglos de taladrarnos y machacarnos la psiquis con el terror a desaparecer físicamente, de no ser salvos e irnos a quien sabe que infierno a causa de nuestros pecados y no poder recibir las mieles de una vida eterna en un sublime cielo, mítico y fabuloso.

Los “buenos” (aun no se ponen de acuerdo si por fe o por obra) irán al Cielo.

Esa es la mayor y demagógica promesa que jamás político alguno haya proferido.

El infierno, ese otro mítico y fantástico lugar inventado por intereses propiamente materiales, y cuyo origen bebe de las fuentes Persas, debiéramos buscarlo más bien en nuestra mente y personalidad, aquí mismo en la tierra. Su signo distintivo, diríamos, es la “I”.

La ”I” del infierno:

Intolerancia.
Ignorancia.
Impaciencia.
Incomprensión.
Ira.

I sólo la Inocencia nos remide de ese lugar, elevándonos hacia la felicidad aquí en la tierra.

Porque la inocencia no conoce de juicios (prejuicios), de pasados y futuros -sólo de presentes- y sabe sólo de libertades, que nos emancipan, no de ningún tirano externo, sino de nosotros mismos y de nuestras supersticiosas creencias, obtusos pensamientos, abyectas pasiones, añejos conceptos y malvados prejuicios.

La Inocencia es el mágico elixir que todo lo cura, la Fuente Eterna de la Juventud…

El presente es nuestra época.

Somos eternos.

La vida es pasajera… y la muerte también.
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Creencia, Religión y Espiritualidad

Posted: 2010-05-29 16:25

Creencia, Religión y Espiritualidad
Por Emmanuel Tagle, etagle@gmail.com

“Muchas de las creencias que albergamos son otoñales hojas que no se sostienen con la mas leve brisa de la sana razón. A esas las denominamos supersticiones.” ~ Emmanuel Tagle

Para aquellos que preguntan, no nos adherimos a ningún credo, religión o filosofía en particular, intentamos mantener en todo momento nuestra libertad de pensamiento cuidándonos de aferrarnos a determinada línea o forma de conceptualizar la realidad; nos consideramos, si se quiere ubicar una palabra para catalogarnos, Universalistas, en su más amplio significado y sentido.

Y por esta manera de auscultar la realidad, son las preguntas que nos hacemos las que fijan nuestros derroteros y aspiraciones trascendentales, más que las respuestas de lo supuestamente ya sabido y conocido… Esta actitud nuestra es garantía para evitar eventuales fanatismos, los cuales tanto daño y destrucción han traído a esta vapuleada humanidad.

El fanático sólo entiende de creencias, más no le interesa la Verdad.
No pretendemos condenar las creencias ajenas, ya que reconocemos el libre albedrío que cada quien posee como derecho inalienable de su condición humana para creer lo que le venga en gana, porque el hombre es místico por naturaleza.

No nos pasa ni remotamente la idea de, por ejemplo, juzgar el budismo a través del cristianismo, ni tampoco nos pasa por la mente enjuiciar el cristianismo a través del budismo. Es más, somos cautelosos de emitir cualquier juicio de valor, a sabiendas de que como humanos que somos grande es nuestra ignorancia. Por ello sostenemos que “la ignorancia cuando juzga, es injusta”.

Nuestra actitud frente a las creencias es, si se quiere, ecléctica; y nos adherimos a aquellas visiones especialmente trascendentales que se identifican por sus caracteres universales y eternos.

En ese sentido nuestro propósito práctico es poder transformarnos en dignos exponentes de la sabiduría que amamos y devotos de la Verdad que nos esforzamos en comprender y servir, porque lo espiritual demanda preparación y un activismo dinámico fundamentado en realizaciones íntimas a base de voluntad.

Podemos discrepar radicalmente con determinadas creencias y en particular con sus modelos metodológicos o pedagógicos que muchas veces impiden la auto-emancipación del ser humano.

Pero esta diferencia de opinión tampoco nos da licencia alguna para pretender que nuestra “verdad” es la única valedera. Porque las creencias se adecuan a cada estadio del desarrollo humano en diversos ámbitos, como el físico, emocional y mental.

Algunas creencias son tremendamente necesarias en su momento, pero otras son un verdadero obstáculo. De ahí que más de alguno ha sostenido que “el mayor y más doloroso parto que un ser humano pueda tener es el de concebir una nueva idea”.

Un corredor de los 100 metros planos puede en su momento, producto de un accidente, requerir la asistencia de un par de muletas; pero habiéndose recuperado de su lesión, sería descabellado pretender seguir usando dichos apoyos.

Un tullido, sin embargo, requerirá usar de por vida sus muletas…

Por ello sostenemos que “definir la moral en base a creencias es una inmoralidad”, aparte de ser tremendamente injusto.

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Las creencias obedecen a mecanismos pasivos de nuestra psiquis, las cuales a su vez definen ciertos paradigmas y cuya función no es otra que la de ahorrarnos cierta energía mental al dar por sentado ciertas “verdades” en nuestra interacción con la realidad. Es decir, las creencias se identifican o responden a las fuerzas conservadoras de la naturaleza y consiguientemente de nuestra psiquis.

Por ello la fe mal llevada es terriblemente negativa y propende a una pasividad asombrosa de las funciones mentales del ser humano. “La fe es el recurso del ahíto, del desventurado que no sabe por donde seguir y que carece del método que es indispensable para disponer de sus posibilidades, algo así como el artesano de todas las artes que carece de oficio en todas las ciencias. La fe es el sostén del iluso, el alimento del vencido, el refugio del cobarde y la tabla de salvación del desdichado y desesperado. De ahí que la fe no exija esfuerzo alguno y sólo requiera confianza estática, esperanza inconsecuente, persistencia en el desaliento y expectación dentro de lo inconcebible o imposible. Para tener fe basta con cerrar las avenidas del criterio, renunciar a la comprensión, enclaustrarse en la propia impotencia mental y confiar en el acaso. La fe es la fácil filosofía del derrotado, la magia del impotente, la ciencia del insolvente y el poder del iluso y, cuando por ventura sus esperanzas se ven satisfechas, grita con pasmosa emoción: "¡Milagro!" sin percatarse que él mismo es el creador de sus propias ilusiones y el verdadero artesano del desenvolvimiento de sus propia vida.”

Un gran filósofo alemán dijo cierta vez: “Creo porque no estoy seguro, y si tuviera la certeza, dejaría de creer”. Esto refleja claramente lo que queremos dar a entender sobre aquellas creencias negativamente atávicas y que nos limitan enormemente con su pasividad en la comprensión vivencial de lo espiritual y trascendente, cuya expresión objetiva o material nos es dable percibir con nuestros cinco y limitados sentidos.
Quien niega o afirma determinada creencia sin conocimiento, se para en el umbral de la superstición y se sitúa en terrenos pantanosos de la realidad, convirtiéndose en víctima y presa fácil de las fuerzas nacidas de la ignorancia, tanto propia como ajena.

Creer es Crear.

En efecto, para nosotros el enfoque que propugnamos está dado por la fórmula “Creer es Crear”, pero no llevada o aplicada de manera caprichosa por enclenques mentes o sugestionables seres prestos a creer las fantasías más inverosímiles, ridículas y disparatosas por el simple hecho de encontrarlas fascinantes o porque son proclives a tomarlas como verdades ya que les place o les reconforta identificarse con ellas anulando todo sentido común y crítico al margen de la sana razón. Esta fórmula implica el desenvolvimiento dinámico de nuestra mente a través de una función que se expresa a base de acicatado esfuerzo y voluntad.

Las creencias no se combaten con creencias, sino con la Verdad, cuya "carnificación" o manifestación en el Ser es fruto de hondas y profundas realizaciones íntimas a base de la aplicación y ejercicio constante de sus facultades.
La naturaleza manifiesta una serie de fuerzas, las cuales podemos agrupar en 3 modalidades: fuerzas Conservadoras, Creadoras y Modificadoras (Destructoras).

Así vemos pues, que la fe pertenece a las primeras, las de índole conservadora.
Esta triada de fuerzas ha sido identificada por diversos pueblos y culturas a través de los tiempos. En el caso de los egipcios tenemos a Osiris, Isis y Horus; en la India la tri-murti Shiva, Brahmá, Vishnú; en el Tibet a Atma, Buddhi, Manas; Śivá, Śákti y Nára en el Triká (Shaivismo no dual de Cachemira) y en occidente tenemos la Santa Trinidad del Padre, El Hijo y El Espíritu Santo, doctrina que fuera finalmente confirmada en el Concilio de Constantinopla.
La palabra “religión” proviene del término latino “religio” el cual a su vez proviene de “religare”, según la interpretación cristiana y que fuera la más extendida dada por Lactancio. El término “re” se interpreta como un elemento que re-potencia la acción del verbo “ligare” (unir), de ahí que se hable de atadura o amarre. Algunos entienden que en este caso hablaríamos de “ataduras racionales” por la ausencia de la razón. Otros han querido interpretar el término “re” como “volver a unir”. Conforme a esto, el positivo propósito de la religión sería propiciar la común-unión del ser humano con aquello que consideramos trascendente y superior.
Este último concepto lo podemos encontrar, igualmente, en el caso de la Yoga en sus diferentes manifestaciones físico-mentales, cuyo propósito no es otro que el de conducir al ser humano hacia la unión o fusión con el Absoluto.

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El sabio Patañjali hubo de clasificar y definir 7 tipos de Yoga, pasando por las que impulsan un desarrollo físico, hasta las relacionadas con los aspectos mentales. Dentro de éstas tenemos la Bhakti Yoga, que es una Yoga basada en el aspecto devocional. Esta Yoga puede decirse que es una de las más pasivas ya que promueve un estado subjetivo que básicamente proyecta externamente un sentimiento hacia lo supremo. De ahí que sea considerada una especie de Yoga un tanto acomodaticia, ya que no implica mayormente la puesta en acción de la voluntad creativa en el desarrollo de otros aspectos más bien internos de la estructura del ser.
Haciendo un símil, podemos afirmar que en occidente lo que prima es principalmente una especie de Bhakti Yoga, donde lo espiritual se entiende como una actividad puramente devocional y venerativa, asumiendo como verdades determinadas creencias muchas de las cuales no tienen mayor sustento y cuyo efecto generalmente no es otro que el de la exacerbación emotiva. Nada más debemos observar la existencia del término “creyente”, cuyo significado muchas veces se asocia erradamente a alguna actividad espiritual que es dinámica y creadora; y no pasiva y acomodada.
Incluso tradiciones espirituales que no contemplan en su génesis la veneración y adoración como vehículo del desarrollo expansivo de la manifestación de lo espiritual han sido desvirtuadas algunas veces para hacerlas más acomodaticias a las grandes masas incultas e ignotas, carentes de toda disciplina, preparación mental, emocional y física. Ejemplos de esto los hay por doquier, como el caso de la veneración del “diente sagrado de Buda” en oriente. En occidente, otro tanto.

La Alta Cultura Espiritual está divorciada de la imposición de fés y credos expedidos con promesas interesadas o aterradoras amenazas. La espiritualidad implica la integración armoniosa de todas las facultades, reciedumbre de carácter, nobleza moral y la germinación y/o expresión de las fuerzas ingénitas del ser en un estado de inocencia ajeno a convencionalismos socio-culturales, supercherías y supersticiones religiosas muchas de las cuales han demostrado por siglos su ineficacia e inutilidad para hacer del ser humano una entidad más elevada y en continua comunión con los principios universales.

Y es que la adopción de creencias no obra mayores transformaciones definitivas y finales. A lo más condicionan y establecen sustentos existenciales a nivel psicológico que a modo de perfume sólo enmascaran las cuestiones fundamentales del ser, y que han sido mantenidas por siglos de manera irresoluta.

El ser espiritual se libera de si mismo, de sus demonios y sus dioses, porque para aquel que ha expandido sus conocimientos, experiencias y vivencias en los terrenos de lo trascendente, de lo interno y de lo íntimo de su ser, no requiere de fés ni credos fantásticos y exóticos. La vida, la realidad y sus interioridades causales se le presentan de manera diáfana y cristalina al disiparse el velo de lo ilusorio y que ha sido sustentado por la experiencia sensorial y limitada de sus 5 sentidos físicos.

No es necesario tener fe en lo que se conoce, y menos en lo que se experimenta. Si se deja caer de entre las manos un vaso, éste indefectiblemente viajará hacia el suelo. Y no es necesario tener fe en que si se suelta, se estrellará contra el piso.

El Ser humano es una entidad conformada por los mismos elementos del Universo visible e invisible, un punto focal de Conciencia que experimenta realidades multifactoriales y multidimensionales, la mayoría de las veces de manera inconsciente y subconscientemente. Su experiencia, al igual que el Universo, está gobernada por precisas leyes, las mismas leyes que gobiernan todo cuanto ha existido, existe y existirá.

Sería entonces una estupidez mayúscula pensar en el hecho de que hayan leyes especiales que gobiernan al ser humano y otras tantas diferentes a la Naturaleza o al Universo mismo, del cual él es un elemento más que lo integra.

Por ello, ser un intranauta y redescubrirse así mismo implica, entre otras cosas, conocer el Universo, sino varios…

“Arriba es abajo, como abajo es arriba”, dicta la máxima “Hermética”.

El Ser Espiritual vive en la obviedad de lo trascendente, de lo eterno y de lo Universal.
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40 y 20

Posted: 2010-01-07 02:51

40 y 20

Dentro de unos días cumplo 40 años, nada especial. Poca cosa, tan sólo el 20% de lo que me toca. Si fueran 42, por lo menos tendría ese hecho la curiosidad de que mi estructura atómica se habría cambiado o renovado totalmente 6 veces desde que apareciera en este mundo.

Mi Sol en ese día estará en Capricornio, dicen. Capricornio debe estar de vacaciones tomando un chin de Sol, que ciertamente le hace falta. Esto no me preocupa.

Lo que si me preocupa, es que en la bendita Casa II tengo un “estelio”, o sea una concentración de planetas, 3 para ser más exactos: Sol, Mercurio y Venus. Según eso, debiera estar podrido en plata… pero parece que al igual que el Sol, estos planetas andan de vacaciones… ¡y muy largas!

Soy hijo de Saturno… lo que consigo no se me regala, lo obtengo con esfuerzo, y mucho.

Si hay algo que en estos 40s ha sido una constante, es esto último.

Sin embargo, a pesar de los avatares de la vida, hemos intentado tener una actitud positiva y ajena a tantos convencionalismos socio culturales, los cuales me resultan en su mayoría retrógados, ridículos, inútiles, y un atentado contra la juventud que paradójicamente tanto idolatra nuestra sociedad.

Siempre he escuchado esa sobada y ya prefabricada frase que dice que “la juventud es un estado, una actitud (mental)”. Y digo prefabricada no por que dicho pensamiento no sea cierto, sino porque son tantas las bocas dentadas y desdentadas que de manera hipócrita y cínica la pronuncian, que poco honor le hacen.

En efecto, ¿De qué sirve un pensamiento el cual no se lleva a efecto? La respuesta es obvia: a nada. Al menos a nada bueno.

Más aun, el pensamiento inútil carente de acción genera decrepitud, degeneración y vejez, no sólo en lo mental, sino en lo físico.

Y es que la mente es como un repositorio de agua, que cuando ésta no fluye y se estanca, no se oxigena y se pudre; nacen las larvas, los mosquitos y el hedor se hace presente. Pero aquí no me refiero a la actividad mental puramente intelectual.

Lo mismo pasa con muchas de nuestras vidas y mentes al sumar años.

Muchos estancan su esencia vital con chismes, malos pensamientos, crítica y desconfianza. Y lo más triste del caso es que en su larga vida adulta se convierten en verdaderos expertos de estos malos hábitos, que al final de cuentas producen achaques y misteriosas apariciones de enfermedades físicas.

Hace ya muchos años hubo un ilustre investigador y erudito, precursor de la endocrinología, que señaló la estrecha relación existente entre mente y cuerpo, a tal punto de acuñar el término, ya por estos días tan común de ser oído, denominado “psicosomático”. Obviamente que en aquella época a dicho erudito la ciencia oficial no le dio mucha pelota. Y aun hoy en día hay a muchos hombres de ciencia, como médicos, a quienes el término poco menos que les espanta, incluso siguen con la fabulosa idea de que nuestra estructura puede ser dividida prioritariamente en un cuerpo que contiene un cerebro, el cual a su vez posee una mente; siendo que más bien somos una mente que contiene un cuerpo, el cual a su vez posee un cerebro…

Felizmente la ciencia ha atisbado este “nuevo” paradigma e incluso comprobado esto último con estudios recientes y que reflejan insospechadas relaciones o conexiones entre nuestros diversos sistemas fisiológicos, conexiones las cuales pasaron inadvertidas por muchos años a los ojos de la ciencia oficial, por ser, diríamos, muy etéricas para ser detectadas y que no se conocían hasta hace muy poco.

Por ejemplo, La Yoga (Kundalini) considera la existencia de un sistema etérico por el cual el ser humano transmuta la Energía Universal en componentes materiales necesarios para el sustento de la vida humana. Este sistema o cuerpo etérico posee unos centros que se denominan Charkas. Los Chakras pueden ser considerados como puntos focales de la mente, muy activos y a los cuales se les asocia una determinada VIBRACIÓN energética, obrando estos de forma biótica sobre nuestro sistema fisiológico. Cada Chakra posee su correspondiente doble material y que se asocia o coincide en la mayoría de veces con una glándula endocrina. Así pues, el Chakra Muladhara se asocia a las Gónadas, el Chakra Manas al Páncreas, etc.

Pues bien, dentro de esta doctrina el corazón también es considerado asiento material de un Chakra, en este caso llamado Anahata. La ciencia occidental miraba recelosamente este hecho, dado que, entre otras cosas, no consideraba al corazón como una glándula endocrina debido a que la función endocrina sólo se asociaba al tejido glandular. Sin embargo, no fue sino hasta la década de los ochenta cuando la ciencia descubre la hormona del corazón FNA (Factor Natriurético Auricular), la cual tiene una estrecha actuación sobre los riñones.

Ahora bien, a partir de estos descubrimientos ya la ciencia considera la posibilidad de que existan otros tejidos, no sólo glandulares, que puedan tener esta función endocrina.

Por otra parte la ciencia ha descubierto que las relaciones bioquímicas del ser humano no son puramente mecánicas, sino que obedecen a mecanismos más bien VIBRACIONALES a nivel molecular.

Este es el caso de los receptores que reciben determinados mensajes de sustancias tales como las hormonas y los neurotransmisores.

Esto da crédito a ciertas doctrinas antiquísimas, así como a ciertos planteamientos de la física cuántica: La VIBRACIÓN es un elemento no sólo físico, sino un elemento de la función biológica a ser considerado.

Las sustancias químicas que se relacionan con los receptores se denominan ligandos, estos son: las hormonas, los neurotransmisores y los péptidos.

Durante muchos años, se pensó que este sistema de receptores y ligandos era propio del sistema nervioso y el cerebro. Se consideraba que los neurotransmisores eran las sustancias químicas del pensamiento.

Pero nuevos estudios dan cuenta de otra verdad, ya que este sistema de comunicación de sustancias químicas está en realidad diseminado POR TODO EL CUERPO. NUESTRA MENTE NO SÓLO ESTÁ EN EL CUERPO. Esto, a su vez, cambia totalmente el paradigma de cómo la mente (psiquis) se relaciona con el cuerpo (soma).

Por todo nuestro cuerpo, en cualquier resquicio del mismo, hay sustancias que se asocian al pensamiento y a la emoción, la mente está en todas partes de manera ommnipresente, procesando y entregando un gran cúmulo de información de manera bidireccional, de tal suerte que ahora el cerebro es tan sólo un punto focal de una gran actividad emocional y psíquica dentro de esta gran red, la conexión mente-cuerpo no es ahora sólamente un sistema de comunicación exclusivamente eléctrico gobernado por la activación de las células nerviosas. El cerebro es tan sólo el punto focal del pensamiento y del sentimiento que a su vez recibe información que previamente ciertos puntos nodales de este sistema de receptores-ligando de gran actividad ha seleccionado y otros descartados. Estos centros nodales poseen incluso su propia memoria. Tal es el grado de autonomía de estos que algunos investigadores los llaman pequeñas mentes y se cree que estos serían el asiento de lo que desde hace ya algún tiempo se denomina subconsciente.

Como ya hemos apuntado este sistema es bidireccional, es decir la información no sólo viaja desde la mente hacia el cuerpo, sino que también viaja desde el cuerpo hacia la mente.

Este lenguaje de comunicación de cuerpo-mente, resultaría ser muy sutil y seguiría los matices dados por la experiencia, es decir, no es un lenguaje literalmente codificado como el usado habitualmente para comunicarnos entre humanos.

En este sentido, se realizó un interesante experimento en donde a unos perros de les dio una sustancia endulzada con sacarina, cuyo efecto era el de producir depresión en el sistema inmunológico de los animales. Luego, a estos mismos canes, se les suministró sólo sacarina, sin la otra sustancia, y también se produjo una baja en la actividad inmunológica de los perros…

Los perros de manera subconsciente regularon la actividad inmunológica.

Todo esto, sorprendentemente, constata y demuestra científicamente algunas de las prácticas antiquísimas como las de la Raja Yoga, del Taoísmo y del Budismo, entre otros, en donde la respiración y los ejercicios de meditación tienen una tremenda ingerencia en la potenciación de los sistemas psíquico-biológicos que recién la ciencia occidental vislumbra en sus incipientes pero no menos importantes descubrimientos.

Por ello es más que evidente que un pensamiento sostenido continuamente produce un efecto real, objetivo, concreto y eventualmente dable de ser dimensionado en nuestra estructura física.

Visto el asunto a la luz de esto, es imperioso educar y cultivar la mente, cuidarla como el más preciado de los jardines, ya que de no hacerlo, los primeros afectados somos nosotros mismos acusando un deterioro palpable en nuestro sistema inmunitario y consecuentemente en nuestra salud..

Una buena salud se construye también con buenos pensamientos. Y esto ya dejó de ser una verdad esotérica para convertirse en una verdad puramente científica.

Requerimos urgentemente de una profilaxis mental. Todo intento de mejorar la salud debiera comenzar con esto. Y debiera empezar en la educación dada en la más tierna infancia.

Por eso y a modo de antídoto, siempre he tratado de disfrutar la vida con tantas pequeñeces simples y bellas desperdigadas por ahí y que esperan que tropecemos con ellas para ser apreciadas a través de la lupa de la inocencia y así verlas como realmente son: magnánimas, simplemente magnánimas.

Si hay alguna creencia que pueda cada día anidar más firmemente es que el camino de lo espiritual se basa en la Inocencia.

La Inocencia pule y lustra nuestra mente, la hace refulgente, cual espejo perfecto que es; absorbe la luz del Universo para luego reflejarla por doquier.

¿De que sirven los rezos de una mente oscura tiznada por abyectos pensamientos y deseos, incapaz de reflejar el valor y sentido de lo esencial y trascendente de la Vida?

Una mente así, con tantos contrapesos, es incapaz de elevar dichas plegarias a los cielos, y peor aun, incapaz de oír lo que desde estos se le pueda susurrar…

El mundo, con toda la humanidad llena de creencias y conceptos de todo tipo, no parece ser más elevada y altruista, sino todo lo contrario. Ahí están los hechos que la desnudan en su hipocresía.

Estando en un velorio el otro día, escuchaba a un viejo –como el mismo se autodenominaba- muy simpático que nos contaba sus experiencias. El monólogo era versado sólo sobre recuerdos de personas, de cosas, de lugares, de comidas etc. Sólo recuerdos. Y yo me preguntaba para mis adentros ¿Es que llegados a una edad, nuestra mente está automáticamente programada para anclarse sólo en el pasado? ¿Qué pasaría si llegados a los 90 años estuviéramos más tiempo mirando hacia el futuro entreteniéndonos con aprender tantísimas cosas, curioseando y descubriendo otras tantas más? Esa anormalidad estoy seguro que intentarían tratarla en algún psiquiátrico geriátrico, administrando algún enema o pastilla radioactiva. Pero esto felizmente no es lo normal, sino aquello, lo del viejo del monólogo.

Vivir así, siempre en el pasado, me lo imagino como una eterna agonía y, peor aun, adelantada.

Y es que cuando la pregunta “¿Qué esperamos de la vida?” ya no la hacemos recurrentemente sino que la reemplazamos por otra “¿Cuándo llegará la muerte?”, ciertamente somos viejos, muy viejos; y eso no tiene que ver con cuantos años se tengan a cuestas.

Veo tristemente que muchas personas, ya entradas en edad, en vez de haber desenrollado el Libro de la Vida, más bien lo han enrollado con conceptos inamovibles y firmemente anquilosados en su ser que literalmente los podemos ver. Han cerrado ese libro con creencias atávicas que son en su mayoría, sino todas, ridículas supersticiones. Lo han hecho inaccesible con sus miedos que han ido destilando a lo largo de sus años hasta obtener la esencia misma de estos: miedo a la muerte. Todo esto les ha impedido alivianarse para poder desplegar sus angelicales alas y elevarse conscientemente hacía encumbrados derroteros donde mora el alma…

Nuestra vida, esa experiencia de nuestro eterno existir, debiera ser todo lo contrario a medida que sumamos años: una celebración constante de creciente alegría en nuestro camino de retorno hacia la inocencia y nuestra verdadera patria celestial, que dista en extremo de ser lo que habitualmente entendemos por celestial…

Y esto es imposible sino desechamos y desterramos, entre otras cosas, nuestros miedos de nuestro ser, incluyendo el de la muerte.

Pero es entendible, ya que ese miedo ancestral ha sido alimentado por años y siglos de taladrarnos y machacarnos la psiquis con el terror a desaparecer físicamente, de no ser salvos e irnos a quien sabe que infierno a causa de nuestros pecados y no poder recibir las mieles de una vida eterna en un sublime cielo, mítico y fabuloso.

Los “buenos” (aun no se ponen de acuerdo si por fe o por obra) irán al Cielo.

Esa es la mayor y demagógica promesa que jamás político alguno haya proferido.

El infierno, ese otro mítico y fantástico lugar inventado por intereses propiamente materiales, y cuyo origen bebe de las fuentes Persas, debiéramos buscarlo más bien en nuestra mente y personalidad, aquí mismo en la tierra. Su signo distintivo, diríamos, es la “I”.

La ”I” del infierno:

Intolerancia.
Ignorancia.
Impaciencia.
Incomprensión.
Ira.

I solo la Inocencia nos remide de ese lugar, elevándonos hacia la felicidad “celestial” aquí en la tierra.

Porque la inocencia no conoce de juicios (prejuicios), de pasados y futuros -sólo de presentes- y sabe sólo de libertades, que nos emancipan, no de ningún tirano externo, sino de nosotros mismos y de nuestras supersticiosas creencias, obtusos pensamientos, abyectas pasiones, añejos conceptos y malvados prejuicios.

La Inocencia es el mágico elixir que todo lo cura, la Fuente Eterna de la Juventud…

Será por eso que no siento el paso del tiempo. Será por eso que aun llegado a los 40 me siento de 20, a lo más de 25 y unos cuantos días, 5475 para ser casi exactos (si, ya sé, también es una frase sobada). Y será por eso que nunca he dicho “en mi época de muchacho yo hacía tal y cual cosa”.

El presente es mi época.

Somos eternos.

La vida es pasajera… y la muerte también.
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