Posted: 2006-09-24 02:22, Edited: 2006-09-23 22:22
La actividad artística presupone una experiencia espiritual. Sólo el esfuerzo desplegado para desarrollar tal actividad en nuestros días implica una experiencia mística.
Pero como todo ejercicio espiritual, lo importante es tener la consciencia del mismo...
Pero nunca como ahora, pareciera ser que el arte se haya convertido en una puta más del barrio, doblegándose al dominio de lo material que la mayoría de las veces y según algunos entendían entraba en directo conflicto; especialmente aquel arte orientado hacia la denuncia de los vicios, injusticias, degradación social y materialismo.
En los actuales momentos de apatía vivencial, vanal consumismo, materialismo extremo, y vacuidad artística, el hasta mal llamado "arte conceptual" se vende "sin concepto", salvo el que dictan los parámetros comerciales, como cualquier chuchería más del mercado, en función de efectismos asociados justamente a actividades materialistas y no artísticas que recurren a obnubilante movimientos publicitarios y de marketing, así como una "crítica especializada" (¿Epecializada en que? Pues en lo anterior que acabamos de decir...)
Quizás por lo anterior y ante esta neurosis social rauda y molesta sea que veamos, más de lo que nos gustaría, artístas que se autoproclaman depositarios de los más sublimes valores de la humanidad, pero que simplemente comulgan con las bajas pasiones, negativos valores y la envidia más acérrima. En suma, buen artista no implica buena gente. Los hay que son verdaderos hijos de puta. La vida artística siempre ha sido dura. Quizás por que en ese afán de trascendencia en algunos casos orientada, no por una vanidad pueril, sino por una aspiración suprema, idealista y excelsa hacia derroteros existenciales más inspiradores y liberadores, nos encontramos en franca oposición con la materialidad de la que pretenden algunas almas, no desdeñar, sino someter al influjo superior de sus visiones, pensamientos y luminosos sentimientos en pos de lograr una realidad" mucho más humana.
Parafraseando el supremo simbolismo Rosacruciano: cual Rosa, a pesar de la aparente crueldad y densidad que supone la Cruz, ésta se yergue invicta y radiante en el mejor de los actos alquímicos.
¿Y que no es el acto artístico sino el mayor y sublime de los actos, que involucra a la fuerza creadora dadora de vida y a la que debemos toda esta santa ilusión que adoramos y percibimos de la manera más subjetiva?
El arte no sólo brinda una interpretación o descripción de la realidad, sino que es parte de esta y por lo tanto posee un increíble poder: el de creación, el de la transformación de lo que llamamos realidad...
Por ello, el artísta, el verdadero, está destinado a convertirse en un cosmocreador, un co-ayudador de dicha fuerza, inspirado por la más alta y sublime Universalidad.
Visto así, el trabajo artístico deja de ser tal; no es un mero vehículo de subsistencia material, es un vehículo de trascendencia; no de la vanidad que grita reconocimiento y fama sino del Espíritu que se afana infrucuosamente en expresar por infinitas vías su valor y sentido creador dentro de la ilusión de lo material.




