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Mi barrio

Posted: 2009-09-16 20:58, Edited: 2009-09-16 16:28

Ayer fui a casa de mi amigo Leo.
Ayer fui a mi barrio, el de mi infancia.

Y es curiosa esa apropiación, porque viví ahí no mucho tiempo, como 4 años a lo sumo.

Pero fueron tantas las experiencias vividas allí que pareciera que mi memoria y el tiempo mismo se extendieran aun más, como para hacerles espacio.

Ya de eso -lo digo y no lo creo- más de 25 años.

Ayer llegué a mi barrio por donde nunca imaginé que lo haría, a través de una avenida toda presuntuosa en donde años atrás existiera una planicie verde que nos resultara tan extensa y similar, según nosotros, a la de esas estepas africanas, y que pocas veces nos adentrábamos en ella, como temiendo estar en otra nación totalmente desconocida. Y cuando nos aventurábamos a ingresar en esos terrenos de nadie, era necesario apertrecharse de ciertas e importantes herramientas, como una que otra navaja suiza y quien sabe que otra arma hechiza digna de expertos exploradores.

En esa "África" estaba "La Laguna", punto mágico y fantástico donde habitaban seres extraños y mitológicos como los sapos que parecían toros y que nos hablaban casi gritándonos. Ya no se oyen los sonidos de la laguna, los grillos, los macos, el susurro de la maleza que nos llamaba a contemplar los reflejos de la luna.

Ahora hay faroles, que la verdad, poco alumbran.

Que modernidad más horripilante, que llena los montes verdes de edificios de pura falsa piedra, casas acomplejadas llenas de nuevos segundos pisos. ¿Qué modernidad es esa que quiere llenar los espacios de vida necesarios con blocks de cemento negando la experiencia de la simple, sincera y verdadera amistad?

Confieso que en las pocas veces que he visitado mi calle, he debido armarme con algo de valor, negándome a la vez de querer ver mucho la nueva geografía, no vaya a ser que de tanto mirar su estado actual, mi memoria de como era desaparezca. Quizás por eso, ya pasado el tiempo, me niegue a entrar ahora a mi calle, como queriéndola dejar tal cual verdaderamente fue. "Mi calle" ya no es de este mundo. Ahora reside en mi y en la memoria de unos cuantos.

Ayer pasé por mi calle llena de cemento sofocado, y pintarrajeada como triste prostituta llena de carteles de "Se vende". Era una calle muerta, seria, sin vida inocente y alegre que la colmara. Era más bien un cementerio, lugar donde se anuncia la muerte con lápidas de cemento. Por eso será que odio los cementerios. Por eso será que odio el cemento…

¿Dónde quedaron los árboles que sembré al frente de mi casa y todos aquellos dónde alguna vez me encaramé? ¿Los postes de madera con las marcas de épicas batallas ganadas y perdidas? ¿Dónde quedaron las huellas que dejé? Por más que las busqué, no las encontré. Me perdí totalmente en mi calle. Era un extraño, un turista que consultaba sin astrolabio las estrellas del cielo buscando alguna referencia.

En un brevísimo momento de flaqueza racional y adulta, deseé con todas mis fuerzas ver que todo a mi alrededor se transformara y se mostrara tal cual lo dejé. Iluso yo. Si hasta las estrellas no se veían. Malditos faroles mediocres, ahora ensucian la luz del cielo en la noche.

Mi barrio se llamaba -y se llama- "El Despertar". Que nombre tan curioso, porque verdaderamente fue allí donde "desperté" a la vida, y donde me hiciera la más grande de mis promesas místicas. Que pese a todo lo que me tocara vivir, en otros tiempos, en otros lugares, nunca permitiría asesinar con el olvido y las exigencias de la madura adultez lo más preciado de la vida: la inocencia...

~Nelson
Stgo. 16.9.9
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